La cuestión de la Y y la J

La cuestión de la Y y la J

Tal parece que la historia de la letra Y (ípsilon) para el uso en el nombre de Jesús viene al menos por el siglo II de nuestra era. En el papiro Bodmer, en una parte donde abrevia el nombre de Jesús (Juan 4:53) escribe la otra forma de abreviar dicho nombre, usando en este caso la ípsilon en vez de la épsilon

    IC ó YC, esto es, transliterado al español como: "is" ó "ys"

La primera letra (la "iota" de la "iod") de seguro no es una jota (J), pues esa letra o sonido en hebreo cuadrático antiguo no aparece; a lo sumo pudiera ser la "het" tal como es usada en algunos casos. La mejor equivalencia de la "iod" con el español es con la letra "i", pero es camuflada con la "i" griega (y), letra que en español se pronuncia a menudo como una consonante y no como una vocal. La razón para usar Y y no I estriba en el concepto equivocado de que "en hebreo el uso de estas letras ("iod" "he" y "uau") como vocales es una revisión posterior del lenguaje; y que, por otro lado, cada una de ellas sirve como una vocal cuando se empareja con una consonante, como resultado ninguna de estas letras puede ser una vocal cuando encabeza una palabra o sílaba."9 Esta explicación genera conceptos erróneos cuando alguien trata de entenderlo en otro idioma, porque, en primer lugar, el uso de letras hebreas como vocales nunca fue explícita, pero si incluida de una manera imperfecta desde tan temprano como la época cananea cuando se usaban las letras fenicias. En segundo lugar y lo más importante, es que la idea de que si una letra de sonido vocálico encabeza una palabra no suena como vocal, sino que debe ir acompañada de una vocal, es una afirmación que desconoce las voces de la lengua. Basta con seguir la lectura de algunos nombres expresados en la lengua hebrea para darse cuenta del error. (Ver ejemplo de nombres hebreos puntuados)

Se dice que la jota es el resultado de una transmutación originada a partir del inglés antiguo, que usaban la forma "j" para pronunciar el sonido semejante a la "i" española, la cual luego pasó a escribirse en inglés moderno como "y", manteniendo su sonido típico en determinadas palabras; de allí nace la forma Y para la primera letra y que por error finalmente vierten el tetragrama con la  Y de sonido fonético hispano como "llave" para Yavé o con J (jota) para Jehová (YHVH o JHVH) cuando en realidad, aún bajo su forma griega original de Y era una letra cuyo sonido inicial o no precedida de vocal fue siempre "i"

Es importante aclarar en este momento, que las letras YHWH son una transcripción hecha hacia la fonética inglesa, y la JHWH es un híbrido para señalar hacia la forma hispana desde la óptica inglesa o americana.

Esto hace que por todos lados los expertos, cuando explican y escriben sobre el tema aluden a la "yod" y no "iod", y cuando transliteran el sonido al español o al inglés escriben la letra equivalente "y" para la primera letra del tetragrama. Ello lleva a error en otras lenguas. Basta unos cuantos ejemplos para demostrarlo, descubriéndolo como una piedra de tropiezo que desvía la mente del aprendiz. Nótalo tú mismo: Isaías, ¿se escribe acaso Ysayá? Jeremías, Uzías o Ezequías, ¿acaso lo has visto escrito en español como "Jeremyá", Uzyá Ezeqyá? No, ¿verdad?. En todas partes se coloca la "i" para que suene como tal a fin de evitar la propensión al error. Por otra parte, y mucho más importante, distintos nombres hebreos conocidos en español como Joás, Josafat, José, Josías, y otros, de acuerdo a su origen y en base a la puntuación masorética, donde todos comienzan con la "iod", no se pronuncian en hebreo como una "ye" latina similar a la palabra yeso.

La idea de la "ye" parte de la creencia que los judíos la usaban en su fonética, y que los griegos, al no poseer ese sonido y no tenerlo representado en su abecedario, lo reemplazaron con la "iota" o "i". Pero no parece posible que los hebreos usaran la misma letra para iniciar los nombres y algunos sonaran como "i" y otros como "ye". Si fuera de ese modo, el simple sentido común dicta que habrían tenido o desarrollado una letra diferente para cada caso, pues ambas suenan muy distinto.

Con respecto a la "jota" el asunto es más que elocuente. Nadie escribe y menos pronuncia "Jsajá", Jrmejá o Jeremjá, Usjá o Ezeqjá. La "Jota" es producto de un embrollo linguístico posterior.

Por último y definitoriamente, los griegos al transliterar los nombres teófonos jamás escribieron como equivalente de la "iod" una "x", es decir su "khi" que suena como una "ji" hispana, sino la "iota". Y para cuando temprano en la historia se tradujo al latín, la "i" latina ocupó su lugar. No obstante, como "y" griega o "ipsilon" también suena como una "i" latina cuando no forma diptongo, pasó a reemplazar a veces a la "iota", la que al copiarse al inglés y al español se tradujo en un sonido diferente, inexistente en las lenguas originales, esto es la "yod" (no "iod"), señalada con la fonética "d3i"

La "j" en inglés (yei) se pronuncia como la "y" de yerno o como la "i" de los diptongos ia, ie, io, iu. A su vez, la "y" o "wai" en inglés se pronuncia de modo parecido, adoptando sonidos de la "j" o bien de una simple "i" latina. De aquí viene gran parte de la confusión cuando se traduce y lee en español. En inglés el nombre se escribe Jehovah, pronunciando d3e'ho've. Si ellos ven escrito Yavé leen d3a'vé. Buena parte de los errores del español actual se deben a sus importaciones teologales provenientes del alemán e inglés, países que desde la reforma impulsaron el uso del tetragrama.

La "uau" y "vau", ¿w o v, o más bien "u"?

La "uau" obviamente no es correcto transliterarla al español como una "vau", "vav" ni "waw", como dando a entender que se asemeja a un sonido relacionado con palabras como "parva", pava" o "vaca". En realidad se acerca más a una "U" que a una "V" ("ve" o "be") o "W". En el habla inglesa en cambio, la "w" en algunas ocasiones se pronuncia como una "u" hispana. La evidencia de la LXX, tal como vimos, no convalida la letra "uau" como "v" en el tetragrama ni en otros nombres, como se ha visto con el ejemplo dado de David. La correspondencia de la "uau" con el sonido de una "v" o "w" en la lengua hebrea es posterior al origen del nombre inefable.

La cuestión de las "H"

Con relación a las dos "He" tampoco veo correcto equipararlas a las "h" españolas, letras mudas o casi mudas que no sirven para formar sonidos de base, solo para acompañar a otras letras, ante lo cual transcribir IHUH no sería del todo correcto, solo a título simbólico. La correspondencia al español con la H es incorrecta si observamos que también el sonido hebreo que va con la "H" es la "jet" o "het", como es muy claro en el caso del nombre "ihudh" (Judá) escrito en la antigüedad, correspondiente también con el sonido fenicio. En cuanto al posterior griego no tenemos una letra equivalente del cual deriva para la "h" (los griegos la tomaron para pronunciar una E, cambiándole su valor fonético del fenicio), pero eso no importa, porque no se trata de esa letra la equivalencia, sino de la "He" hebrea, de la cual los griegos la han equiparado a la épsilon, una letra sonora y no muda, que equivale a una "e" corta o breve, proveniente de la antigua letra fenicia E reflejada horizontalmente, tal cual es usada para el nombre dos veces allá por el siglo IX antes de nuestra era en la estela de Mesa. Pero ¿no podrían los griegos haberle dado un valor fonético distinto del hebreo tal como lo hicieron con la "eta"? Podrían, pero ejemplos de distintos nombres hebreos transliterados donde aparece la letra hebrea  "he" nos permiten escuchar la voz de una "e", tal como lo escuchamos en "Ejoji" de 1Cron.27:4; "Iebuseo" para Gen.10:16; "Eveo" para Gen.10:17 y "Nineue" para Jon.1:1. Esto al menos deja fuera la relación que los judíos dan a esa letra en algunas tablas, señalándola solo como una H (ache española) muda cuando se halla mejor relacionada con la "he", voz que suena similar a la "e" pero con una salida mayor de aire. Además, en su abecedario la denominada "het" o "jet" se escribe de una forma muy similar a la "he", ante lo cual, ante los inexpertos pueden confundirse fácilmente.

A esta altura y recordando todo lo visto sobre el tema de las vocales, resulta gracioso y hasta paradójico que, sin señalar a nadie en particular, el resultado final de tanta investigación religiosa resulten en pronunciaciones donde los sonidos más alterados del nombre fueran las mismas letras escritas, especialmente la "iod" y la "uau".

La vocalización

Otro asunto mal explicado a mi juicio es cuando se enseña que en hebreo y el posterior judío todas las palabras se escribían sin vocales. Suele explicarse que la escritura era una forma de abreviación, donde los lectores debían suplir todas las vocales al leer solo consonantes, y para dar ejemplos señalan casos como el de la palabra española "casa", afirmando que es como si los judíos escribieran solamente las letras "c" y "s", claras consonantes latinas sin la vocal "a",  pero leyendo "casa" al ver "cs"; o, en vez de escribir "ventana" escribieran solo sus consonantes, es decir "vntn". Lo considero una deformación educativa producto de la ignorancia o el resultado indeseado al pretender simplificar una explicación. 

En realidad en esos tiempos antiguos es muy probable que gramaticalmente no diferenciaran las vocales de las consonantes como nosotros, no obstante pronunciaban sus sonidos. Hasta hoy día existen idiomas donde abundan las consonantes, y no por ello un traductor debe intercalar vocales entre las mismas para hallar su sonido, porque ésta o no es casi pronunciada o hasta se halla totalmente ausente o se sobreentiende por la fuerza de la misma letra o su asociación con la siguiente. También existen patrones de variación entre la fonética y la escritura. Existen palabras donde al pronunciar se vocaliza con mayor énfasis que en otras o en sentido inverso o cambiado al escrito. De modo que eso de escritura solo con consonantes donde el lector suplía todas las vocales al leer no es totalmente exacto

Habrán notado cómo el sonido de las vocales parecen haber sido claramente transliterados en los nombres Israel y Hazael escritos en hebreo arcaico. Asimismo, si observan el abecedario judaico notaran la existencia de claras letras que nosotros definimos como vocales (alef=a, he=e, ayin=o, uau=u, y la iod=i). Esas letras formaban en muchas palabras sonidos semejantes a nuestras vocales, sonido producidos con las cuerdas vocales sin el cierre o estrechamientos de los órganos de articulación, como es el ejemplo mencionado para el nombre de Israel. Si buscan las letras judías para la palabra "adonai=señor" (adona=señor, i=mio; es decir: "mi señor"), una palabra que ha permanecido sin variantes por ser sustituto del tetragrama, verán las siguientes: alef dalet nam iota (es decir A D N I). Solo falta la vocal "o" entre la D y la N y la "a" entre la N y la I, pero la "a" primera y la "i" final están presentes. Se parece mucho al francés, donde ciertas vocales se suplen o alteran en la pronunciación, como por ejemplo en el apellido traducido y escrito en español como Pontnau que se pronuncia pontunó. La "u" entre la t y la n no está y las au se pronuncia como una o acentuada. 

La idea de la escritura sin vocales proviene de los masoretas a partir del siglo V de nuestra era. En un  intento por revivir la pronunciación correcta del hebreo antiguo, dedujeron a partir de esa época las variaciones vocálicas que debían tenerse en cuenta en las palabras judías tal como aparecían en sus libros religiosos. Solamente para el nombre divino, continuando con la tradición de nueve siglos, incluyeron las vocales de otra palabra, una que ya usaban, mediante la cual respetando las letras judías originales señalaban al lector que debía pronunciar adonai en vez de sonido alguno del tetragrama al interpolar los sonidos vocálicos de pronunciación correspondiente a dicho título entre el mismo, formando una grafía semejante a: iod a he o uau a he, o algo más latinizado como I a He o U a HeSin embargo, cuando en ciertas ocasiones el tetragrama era precedido por el título "adonai", los masoretas incluían otras vocales para que el lector pronunciara "Dios" y no repitiera dos veces "adonai". Para ello incluían las vocales de Elohim (e,o,i) o Eloah (e,o,a) y de ese modo leían "adonai elohim" (Señor Dios). Los masoretas aclaraban esta pronunciación en el margen del texto hebreo, en lo que se conoce como el quere.

Notarán que además de las dos vocales que el lector debía suplir al leer "adonai" también aparece la primera, la vocal escrita antes de la "d". Lo que obviamente no sabremos nunca es cómo realmente pronunciaban las vocales segunda y tercera; si bien abierta, algo cerrada o apenas perceptible. Hasta puede ser muy probable que las mismas formaren parte de las consonantes adyacentes en la forma de un patrón de pronunciación según la secuencia de las mismas o del contexto. De allí que algunos mencionen que las vocales eran señaladas en las épocas bíblicas de modo imperfecto o inconsistente

Formas en el tiempo

Con todo lo visto hasta ahora, y observando al mismo tiempo la tabla de la evolución del nombre inefable podemos comprender mejor a partir cuales razones se desarrollaron.

La forma IOA por ejemplo, aquella mencionada para los siglos V y VI de nuestra era, vienen de las letras griegas de la LXX para los prefijos hebreos donde aparecen las tres letras iguales a las del tetragrama y en su misma secuencia (יהו), motivo por el cual son conocidas como forma trilítera. Los griegos vertieron para esa secuencia trilítera de todos los nombres teofonos IO siempre. Para completar nos faltaría dar el sonido final. Dado que la segunda "he", la cuarta letra faltante, al final, similar al caso de Uzias, da paso a una "a" con la "he" muda al igual que la segunda letra, se arriba al IOA como el sonido del nombre completo inefable (es decir de IhOAh).

La forma IAO en cambio deriva solo del prefijo trilítero considerando que la secuencia hebrea  יה debe pronunciarse "iah" y la O es el sonido de la "uau". Algunos suponen corresponde al nombre completo, sin embargo no lo es. Sabemos que los griegos vertieron siempre IO, pero ciertos judíos insistían que esta secuencia se pronuncia en hebreo IEO y no IAO. Esto explicaría de donde aparece la forma IEOA, cuya contraparte desconocida seguramente fue IAOA, forma que aparecerá más tarde. No obstante, cuando en comentarios relacionados al nombre inefable aparece vertido en griego para el tetragrama la forma IAO, esta forma deriva de otra idea religiosa respecto a los dioses ancestrales, y si bien aparece asociado con el tetragrama en realidad son distintos.

Otros en cambio insisten que al final no debe ir una A, sino una E, porque es masculino, corresponde a la manera que pronuncian los samaritanos y a la forma verbal en 1ª persona del futuro singular del verbo ser. De esa manera se arriba a IAOE por influencia de los partidarios de la "ia" y IEOE por parte de aquellos que insisten en la "ie".

Otros en cambio, descubren que la "uau" no debe pronunciarse como una O sino como una U. Ello lleva a que el nombre adquiera una nueva pronunciación, esto es IAUE y IEUE.

Aún otros todavía, atentos a las formas de la "uau" insisten que en realidad no es ni una O ni una U, sino una V. Ante ello, se arriban a dos formas nuevas, IAVE y IEVE.

Otros investigadores, tan temprano como Clemente de Alejandría, se confunden con el "ou" griego creyendo llegar a la solución definitiva en la pronunciación del nombre cuando consideran que dicha letra hebrea contiene ambos sonidos. Quizás presupongan sin entender correctamente el hebreo que la primera "he" hebrea deba ir acompañada de una vocal antes de la "uau", considerando que la misma deba ser una "o", vocal adoptada por su presencia griega. Esto los lleva a desarrollar el IAOUE, lo que a su vez debió generar la contraparte IEOUE, mientras que otros que participan de la A final arribaron a IEOUA, mientras aquellos que a su vez insistían en la A primera desarrollaron el  IAOUA a partir del mismo criterio común.

Por último, tomando prestada la conclusión aludida por Epifanio y luego por Teodoreto sobre la B griega de la voz "V" samaritana para la "uau", así como el uso actual por parte de los judíos de dicha letra como una V en diversas expresiones, se arriba a la forma más conocida en la actualidad, que es IEOVA . Otros en cambio se quedan en "iave", pero otros, han producido sonidos como IAVA y IAOVA.

Obviamente este ejercicio permite comprender cómo a partir de tres formas básicas y según la manera de establecer unas siete reglas relacionadas con la "uau" y la vocal final se llegan a múltiples combinaciones. De ese modo solo tenemos las formas básicas IOA, IEO y IAO. Del IOA se forman el IOUA y el IOVA, así como posibles variantes si la letra final fuera una E; de los otros dos todos los demás según sus variantes secundarias, siendo las relacionadas con la letra final E o A, y según se tome la O, ya sea quedando la misma, o bien como U, OU, OV o V.

Finalmente, la V suele verterse en algunos casos como W, y la I se vuelve Y o J. En cuanto a la forma "ihih" aflorada en la versión de Aquila, tal parece que nadie la captó, confundiendo a algunos como Orígenes que escribió PIPI en griego creyendo se hallada transliterada, permaneciendo durante siglos sin mayor relevancia.

Origen de las formas actuales Jehová y Yahve

Durante el reavivamiento religioso cristiano, el cual incluía el estudio de las escrituras hebreas, los distintos grupos disidentes en vez de recurrir a las copias y documentos cristianos comenzaron a investigar las copias judías que los masoretas producían, y al llegar al tetragrama creyeron descubrir la pronunciación perdida. Pero para poder pronunciarlo en otros idiomas, acorde a la gramática hebrea del momento, debían enmudecer las He, transformándolas en H. Para ayudarse en la meta de lograr recuperar la pronunciación perdida sin duda recurrieron a los nombres teofonos hebreos, ayudados por la manera de verter la Septuaginta los mismos.

Sin duda uno de los nombres era el de Judá, porque tal como aparecía en el Tanaj contenía las cuatro letras del tetragrama (יהודה). Sin embargo, cierta incomprensión del "ou" griego (los griegos no poseían una letra para la "u" debiendo usar la "ipsilon" (y, u) después de una "omicrón" (oy, ou) para convertir a la "ipsilon" en una "u") en combinación con dicho nombre de "iouda" (Judá), suponiendo que en su forma completa era "ieouda", quitando la "dalet" quedaba el nombre como "ieoua". Probablemente arribaron a la conclusión de que en este caso el "ou" griego era una fiel expresión del original hebreo y no un recurso gramatical puramente griego para arribar al sonido de la "u", ayudados en parte por la idea de que la "consonante" hebrea "he" debía poseer una vocal que la acompañe. Es muy probable que llegaran a esta conclusión porque ya sabían que la LXX abrevió los prefijos a "IO", y para el nombre de "judá" escribieron "IOuda", ante lo cual les pareció que aquí la "o" del "ou" griego no correspondía a una necesidad gramatical. Quizás por ello resultó en una forma segura, convirtiéndose "ieoua" en la más conocida. Con el tiempo, la "i" se convirtió en "j", una forma original de la misma voz "i" que luego por cambios linguísticos se convirtió en "ji", la que al verse en documentos antiguos, parlantes posteriores la identificaron con la "jota", la que a su vez pasó a ser también una "y" por su sonido en inglés; y en cuanto a la "u", dada la necesidad de que fuera otra consonante y no una vocal se convirtió en "v", y así fue como nació el nombre "Jehovah", que hoy conocemos como Jehová.

De hecho, si comparan el nombre puntuado del tanaj que lee "Iehuah" con la forma "Jehová"  notarán que la "v" es como si reemplazara la "u" del "ou" griego, necesitando de la "o" para recordar el origen, ello es para no decir "iehváh", dejando por eso la "o" intacta.

Otra teoría para la forma "Jehová" también proviene de los prefijos teofonos abreviados "io", que extendidos se convierten en "ieo". Sin embargo teorizan que la "e" es la vocal que le acompaña a la "iod" y no el sonido para la letra "he", y que la "o" es la vocal que acompaña a la letra "he", la cual obviamente toman por muda. De allí que escriben Ye.Ho.Wa.H. De esa manera se afirma que quitando la "he" esta se lleva no la "o" que le acompaña sino la "e" de la "iod", ello para dejar intacta la "uau" como una "w".

Otra teoría similar es aquella que considera a la "he" como letra sonora, motivo por el cual escriben Y.eH.oW.aH. Quitando la "he" queda solo la "Y.oW.aH, cuya forma "ioa" aparece allá por el siglo V y VI de nuestra era (ver evolución del nombre de Dios).

Sin embargo ambas conjeturas no tienen apoyo gramatical viable. Por ejemplo para el nombre de Oseas הוֹשֵׁעַ no se pronuncia "Ho.W.Se.A ("howsea") ni "eH.oW.Se.A" ("ehowsea"). Las vocales sobreentendidas nunca van antes de las consonantes sino después o ninguna. Si fueran antes se escribía una "alfa" o "ein" para indicarlo expresamente.

Otra afirmación que se hace respecto al origen del nombre "Jehová" es cuando se señala que parte de mezclar las letras del tetragrama con las vocales de "adonai" o de "eloa", con lo cual se comenzó escribiendo Iahouah, leyendo algo similar a "iaoua"; o "iehovah". Sin embargo, esto es lo que aparece escrito al margen en los manuscritos masoréticos, no propiamente en el verso bíblico en hebreo.

En cuanto a la forma Yahveh, la misma es un intento apelando a las conjeturas cristianas primitivas y las influencias arameas, pero deben indefectiblemente atribuir error en los documentos cristianos más antiguos en la manera de verter el nombre "iesous"; aspecto muy importante que es pasado por alto. Si "Jesús" es correcto entonces "Yahveh" está mal, pero si Yahveh fuera correcto entonces deberían cambiar el nombre del "Hijo de Dios" a "iasous", esto es al menos como Jasús, o bien a Yasús. Pero esto no se ha hecho (tremendo bodrio habrían armado), y en realidad nadie se da cuenta, pero es un error "docto" garrafal e "inspirado" si se quiere, mantener ambos, Yahvéh y Jesús al mismo tiempo en millones de copias de la Biblia tal como lo hace la versión católica de la BJ.

Además, la forma "Yahvéh", que proviene de "iave" o "iabe" es totalmente infundada desde el punto de vista gramatical del hebreo antiguo, pues estaría sonando igual al Javes de 2Rey.15:10 escrito con solo tres letras siendo solo una igual al tetragrama, esto es la "iod". Si le quitamos la "shin" final, el sonido semejante al "iabe" solo se produciría con apenas dos letras. No puede existir tanta similitud sonora entre dos nombres escritos con letras tan asimétricas (2 contra 4) y diferentes (una sola "b" contra dos "he" y una "uau").

Sin embargo, a pesar de que la "ia" se puede partir de tantas formas escritas distintas muchos académicos respetados apoyan la forma "ia" de manera contundente. Por ejemplo, el destacado Rayney expresa: “La evidencia interna desde la lengua hebrea es igualmente fuerte y confirma la precisión de las transcripciones Griegas. Yahweh es proveniente de una raíz verbal desarrollada del pronombre de tercera persona, huwal hiya. En la tradición Judía, está prohibido pronunciar el Nombre Sagrado y su pronunciación verdadera debe permanecer en secreto. El hecho es que la puntuación de las vocales hebreas provino de otra palabra, ya sea Adonai, ‘mi señor(es)’; o Elohim, ‘Dios’. Evitaron la vocal muy corta ‘a’, al prestar las vocales porque pudo haber llevado al lector en la sinagoga a cometer un error y pronunciar la sílaba primera correcta del Nombre Sagrado, es decir –Ia. La forma vocalizada que uno encuentra en la Biblia Hebrea es usualmente Yehowah, de donde proviene la palabra Jehová. Yehowa/Jehová no es más que una palabra artificial fantasma; nunca se usaba en la antigüedad. El lector en la sinagoga leía Yehowah en el texto y leía Adonai (Biblical Archaeological Review, Sept. Oct 1994).

El punto que hay que comprender aquí es que si la forma "ia" es la correcta, entonces los primeros cristianos inventaron al Jesús como el Mesías o "Hijo de Dios". Pero si este señor se llamó "iesu", y la forma "ia" inicial es la correcta, entonces su propio nombre ya estaba mal armado para significar "ia salva", ante lo cual solo sería admisible si fuera un ser humano cualquiera afectado por la incertidumbre en la pronunciación correcta.

De modo que Yahve es un entuerto y el nombre "Jehová" es el resultado de una suma de errores a través de los siglos al transcribir una transliteración griega del hebreo de voces teofonas manipuladas, generando éstas a su vez conjeturas sobre las cuales devotos futuros desconociendo aspectos sobre gramática y despreciando su voz tradicional completaron el esfuerzo por descifrar la voz del nombre de Dios según mejor les pareció, con el fin de resucitar la pronunciación de un nombre perdido o escondido.

Desde el punto de vista religioso es como si el personaje portador de dicho nombre deliberadamente no desea que su pronunciación retorne a los labios de los mortales, ante lo cual todo intento por hallarlo es una empresa inútil.

Concluyo citando una frase que resume de manera muy real la situación generada en las culturas religiosas. "La fe posee un poder impresionante. Puede convertir las mentiras en verdades o transformar las verdades en mentiras en la mente de los creyentes."

 

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